Curiosidades: cuál es la historia de las tarjetas de crédito

¿Desde cuándo llevamos dándole tanta importancia a un trozo de plástico?

Una compra inesperada en el súper, comprar la entrada del cine desde la comodidad de tu smartphone, pagar por adelantado la fianza de un alojamiento rural para poder reservarlo con antelación, y conseguir efectivo en cualquier lugar –hasta en la Antártida cuentan con dos cajeros ATM del Wells Fargo Bank–. Estos son solo algunos ejemplo de cómo utilizamos las tarjetas de crédito.

Y es que es innegable que este dinero de plástico se ha impuesto de muchas formas, cambiando nuestra manera de realizar transacciones monetarias. Del trueque pasamos a los metales, y del efectivo, al plástico. Pero, ¿cuándo se produjo este cambio? ¿A quién se le ocurrió la idea? Hoy te lo contamos todo sobre la historia de las tarjetas de crédito.

Origen de las tarjetas de crédito

Si hablamos de las tarjetas de crédito no podemos dejar de mencionar a un banco: Western Union. Pero esta entidad no fue siempre un banco. Se fundó en 1851 como la New York and Mississippi Valley Printing Telegraph Company. La compañía telegráfica comenzó a diversificar sus actividades, siendo la primera en transferir dinero entre cuentas (en 1871), actualmente una de sus principales actividades. Después pasó a cotizar en la bolsa y, más tarde, a operar internacionalmente.

Viendo su rápido crecimiento y su capacidad de innovación, no es de extrañar que fueran pioneros en ofrecer una tarjeta de “consumo” para sus clientes en 1914. Con esta tarjeta sus clientes preferentes podían acceder a una determinada cantidad de crédito y otras ventajas.

Frank McNamara creó la Diners Club con la idea de tener crédito en diferentes locales cuando pasó el apuro de no tener efectivo para pagar la cuenta

El siguiente paso lo dio un hombre de negocios: Frank McNamara. Él creó la Diners Club, con la idea de tener crédito en diferentes locales cuando pasó el apuro de no tener efectivo para pagar la cuenta; su propia experiencia le sirvió de inspiración para crear una tarjeta (de papel) con la que salir a cenar sin efectivo. Diners Club consiguió, sólo el primer año, 10.000 nuevos miembros y conciertos con una red de 28 restaurantes. Hoy se puede pagar con ella prácticamente en el mundo entero.

Los bancos y entidades financieras acabaron de rematar la idea, creando tarjetas (de plástico) con las que pagar en cualquier lugar y no solo en una red de restaurantes con los que se mantuviese un acuerdo. Hoy en día puedes ver en la puerta de cualquier tienda o local que se admiten tarjetas VISA, Mastercard y American Express. Algunas de estas compañías, en su origen, eran bancos. El Franklin National Bank of Long Island fue el primero en comercializar una tarjeta de crédito tal y como hoy la conocemos. Fue en 1951. American Express hizo lo propio en 1958, y en la década de los 70 nacieron MasterCard y VISA, fruto de la unión de varios bancos que las empezaron a emitir para todos sus clientes.

Había nacido el dinero en plástico y las transacciones invisibles. Hoy la usamos para todo, a veces, quizás, de forma irresponsable. El hecho de contar con crédito anticipado y poder aplazar el pago de nuestras compras nos lleva a veces a ser más impulsivos gastando. Está en nuestra mano el hacer un buen uso de ellas, aprovechando sus ventajas pero de forma responsable.

No es lo mismo crédito que débito

Aunque tendemos a llamar a todas “tarjetas de crédito”, hay que distinguir entre la que verdaderamente nos dan crédito y las que sólo “contienen” tanto dinero como el que tengamos en nuestra cuenta.

Al usar una tarjeta de crédito y pasar de nuestro límite, obtenemos una especie de préstamo: el banco nos adelanta cierta cantidad (la pactada en el contrato que firmas asociado a tu tarjeta y tu cuenta) que deberemos devolver en los plazos y condiciones establecidas.

Hay bancos que te permiten establecer un sistema de cuotas, para abonar la misma cantidad al mes, pudiendo además imponer un tipo de interés en la devolución. El límite de crédito irá en función del dinero que tengamos en la cuenta. ¿Cuál es mejor? Pues depende de lo responsables que seamos y de nuestra capacidad de ahorro.

El crédito es un respaldo que te da tranquilidad. Y debe ser usado como tal. Si cuentas con él como si fuera dinero propio sin tener en cuenta tus ingresos y obvias si vas a poder afrontar los pagos más adelante, la tarjeta de crédito pasará de ser una ventaja a un problema.

En todo caso, este tipo tiene otras ventajas  adicionales a la de débito: te proporciona un historial de crédito que puede ser favorable a la hora de conseguir préstamos y además te protege contra robos y fraudes. Una tarjeta de débito, por su parte, te permitirá ser más organizado con tus pagos: solo gastarás lo que puedas permitirte. Es lo más recomendable para gente “manirrota”.

Del papel al plástico, y de la banda magnética al contactless

Frank McNamara creó su tarjeta de papel. Pero ese formato sólo era útil para presentarlo en algunos locales. Para que se pudieran cargar los pagos en las cuentas se tuvo que idear el sistema del plástico y el lector de bandas magnéticas. Antes de este paso, los propietarios de locales y tiendas tenían que cotejar el número a mano, buscando en un libro en el que estaban todas las tarjetas registradas.

Ron Klein fue el inventor de las bandas magnéticas que permitieron identificar las tarjetas de forma automática. En estas bandas, una serie de imanes guardan la información que el TPV lee e identifica y envía al banco para su autenticación.

La tecnología basada en la electromagnética ha dado paso al sistema digitalizado en el que ya ni siquiera tenemos que pasar las tarjetas por un lector. Es la tecnología contactless

La tecnología basada en la electromagnética ha dado paso al sistema digitalizado en el que ya ni siquiera tenemos que pasar las tarjetas por un lector. Es la tecnología contactless: basta con acercar la tarjeta al TPV para que éste la lea. Es el mismo funcionamiento del código QR que incluyen las entradas del cine o el billete de tren que compras online y con el que te ahorras la impresión (y el derroche de papel).

¿Sabías que tu tarjeta de crédito también es un seguro?

O muchos seguros. Según la entidad, pueden llegar a ofrecerte incluso un seguro de vida. Eso sí, la indemnización equivale a tu crédito; nada más. El seguro más conocido por todos los usuarios probablemente sea el seguro antifraude. Es una protección para tu dinero que asegura que, en caso de que alguien haga cargos a tu tarjeta sin tu consentimiento, tú no perderás tu dinero.

En caso de robo, siempre que lo notifiques, tu crédito estará protegido en las siguientes 72 horas desde dicha notificación. No tendrás que asumir los cargos que se hagan a la tarjeta durante ese período de tiempo (hasta cierto límite). En cualquier caso, cuanto antes lo comuniques al banco antes podrán bloquear la tarjeta para que no pueda ser usada. Lo mismo ocurre si la pierdes, aunque en ese caso tu crédito no estará asegurado.

Con algunas tarjetas obtendrás también respaldo en caso de accidente durante un viaje. Es el seguro de accidentes en viajes, que te cubre en caso de que sufras un percance en calidad de pasajero de un medio de transporte, estando en las inmediaciones de un aeropuerto o viajando en un coche de alquiler, entre otros supuestos. Tarjetas como la American Express lo incluyen entre sus garantías, y ofrecen indemnizaciones en caso de fallecimiento o invalidez, entre otras ventajas.

VISA integra en sus tarjetas el seguro de protección de compras. Significa que lo que compres con ellas estará protegido ante los supuestos de daños y robo. Su importe estará garantizado durante un período de tiempo (45 días) y hasta los límites pactados en las condiciones particulares. Y con una MasterCard estarás cubierto si sufres un hurto en un hotel, tendrás asistencia en viaje y podrás disfrutar de un montón de servicios exclusivos para sus usuarios.

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