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Este verano, come bien. Porque cuidarse tiene premio en el seguro de salud

Hacerlo te alejará de las enfermedades y mantendrá tu historial médico impecable, algo clave en el seguro de salud

Durante los últimos artículos te hemos contado la importancia de alimentarte correctamente en verano para mantener tu piel a salvo de los estragos del sol. Sin embargo, mantener una dieta apropiada no solo cuenta con este beneficio, sino que resulta clave a la hora de disfrutar de una salud de hierro. Tal es así, que son muchas las aseguradoras que ofrecen ventajas a aquellos clientes

Cómo influye la alimentación en la salud

De esta manera, lo que nos llevamos a la boca juega un papel básico en la prevención de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, patologías cardiovasculares e incluso ciertos tipos de cáncer. Entre otros, diversos estudios han demostrado que hasta un tercio del total de mortalidad por esta enfermedad se encuentra relacionada con factores alimentarios

Y no solo nos estamos refiriendo a las consecuencias de comer mal, sino a los beneficios que aportan ciertos ingredientes, que cuentan con un efecto protector. Es el caso, por ejemplo, de los llamados súper alimentos –como el brócoli– cuyos efectos antioxidantes, anticancerígenos y demás, resultan destacables.

Lo que nos llevamos a la boca juega un papel básico en la prevención de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, y la obesidad

Tal es así, que la dieta mediterránea contribuye a disminuir el riesgo de sufrir estas “lacras” propias de las sociedades desarrolladas. La presencia del pescado, el consumo de aceite de oliva, verduras y vegetales resultan clave. En todo caso, tampoco podemos dejar de lado los factores genéticos y otros relacionados con la actividad física de la persona y sus hábitos de sueño.

Sí, porque dormir poco y mal –independientemente si ocurre por patologías como la apnea del sueño–, y el sedentarismo también incrementan el riesgo de desarrollar los citados “males”. Sin embargo, si tuviéramos que ponderar en una balanza cuál de todos tiene mayor relevancia, nos quedaríamos con la dieta. Incluso en el caso de perder peso, necesitaremos de al menos una hora de ejercicio intenso diario para lograrlo; mientras que un cambio alimentario positivo dará resultados rápidamente. Aunque no se trata de escoger una opción u otra.

Aprender a comer bien y sano, clave

Dicho lo cual, aprender a comer bien será fundamental. Se trata, quizás, de la parte más importante. Porque hacer una dieta para acabar recayendo en esos viejos y perjudiciales hábitos de poco sirve. Por desgracia, hacerlo no siempre es fácil, sobre todo si hemos carecido de una educación alimentaria apropiada, adoramos los fritos y la comida basura.

Para lograrlo deberemos pasar por un proceso de aprendizaje que incluirá la consulta al profesional y la asimilación de ciertos conceptos. Desafortunadamente, la industria alimentaria y los medios de comunicación está plagados de falsos mitos. Los supuestos beneficios de los productos dietéticos, la percepción del azúcar como el alimento del mal, y de las grasas como algo propio de obesos son solo algunos ejemplos.

La realidad es que nuestro cuerpo necesita las grasas para funcionar adecuadamente, pues ayudan a procesar las proteínas y otros nutrientes

Sin embargo, la realidad es que nuestro cuerpo necesita las grasas para funcionar adecuadamente, pues ayudan a procesar las proteínas y otros nutrientes. Opta siempre por los llamados ácidos saludables como el Omega 3 y 6, presentes en pescados como el salmón, el aceite de oliva y el aguacate, entre muchos otros. Y evita las llamadas grasas trans, los productos procesados, etcétera.

También debes saber que la manera de cocinar los alimentos es capaz de alterar no solo su aporte energético, sino sus cualidades. Decántate siempre por la plancha y el horno, en lugar de por la freidora. Respecto al tira y afloja del azúcar es un clásico histórico; tanto, que se conocen sus efectos perniciosos desde finales del siglo XVII. Aquí, de nuevo, la clave radica en el tipo de azúcar, si es añadido, refinado, procede de fuentes naturales, etcétera.

Desde la infancia

Conviene inculcar estos hábitos saludables desde el principio a nuestros hijos, un punto fundamental para que se conviertan en unos adultos sanos. Por supuesto, tampoco debemos irnos hacia el extremo contrario –el anhelo de perfección física y la baja autoestima se encuentran detrás de muchos trastornos alimentarios–. Tampoco conviene convertir la comida en un castigo ni un premio, especialmente cuando son pequeños.

Evita que el McDonalds se transforme en un lugar de recreo y emociones positivas –sí, sabemos que el parque de atracciones y el payaso no lo ponen fácil–. Aléjalo también de las distracciones en la mesa, y convierte esos momentos en instantes familiares. Anímalo siempre a probar cosas nuevas; recuerda que una buena dieta ha de ser variada y que asumir cosas que no le gusten forma parte de su desarrollo (debe aprender a gestionar su tolerancia a la frustración). Y predica con el ejemplo.

En este punto conviene comentar que el aprendizaje por imitación no solo tiene lugar en el hogar con los más pequeños, sino que también se produce en relación con nuestro entorno, con el grupo de amigos. Evidentemente, las costumbres nutricionales adquiridas son  importantes, pero pueden modificarse. De hecho, es algo muy frecuente durante la adolescencia, cuando la ingesta calórica suele aumentar.

Ideas para comer bien en verano

Dicho lo cual, vayamos con la parte práctica: ¿cómo comer bien en verano? Sí, porque si bien el calor suele disminuir la sensación de apetito, los helados, la cervecita fresquita y las raciones del chiringuito y el bar de la esquina se erigen siempre como grandes tentaciones. Para evitarlas, trata de decantarte siempre por tapas saludables como las aceitunas y los frutos secos en lugar de las patatas fritas; opta por refrescos no azucarados, y elige cerveza sin alcohol o vino tinto. Este último, además, contiene resveratrol, un potente antioxidante. Y sustituye los helados grasos por yogures desnatados en el congelador.

Aprovecha el calor para dar rienda suelta a tu creatividad con las ensaladas, y mezcla legumbres, espinacas e incluso algas. Algunas especies como la espirulina y la wakame tienen un alto contenido proteico, más incluso que ciertas carnes y pescados. Las frutas ricas en agua como la piña y la sandía tampoco tienen casi calorías y son diuréticas.

Comer bien tiene premio, también en el seguro

Más allá de los beneficios directos sobre nuestro organismo, comer bien te permitirá contar con ciertas ventajas en el seguro de salud, tanto a largo como a corto plazo. De hecho, la ausencia de enfermedades te permitirá acceder a todos los servicios (o a casi todos, en función de la entidad que te cubra) sin preexistencias. Este término se refiere, precisamente a aquellas patologías que ha sufrido el paciente –antecedentes médicos– antes de contratar la póliza y no debe confundirse con la carencia.

Por ejemplo, pongamos el caso de que te has operado del menisco unos años antes de firmar. En tal situación podrás utilizar el seguro para toda clase de tratamientos, excepto para aquellos que se deriven de tu enfermedad previa o “preexistente”. Además, algunas empresas optan por rechazar o aplican primas distintas a aquellos usuarios que han sufrido determinadas patologías.

Las aseguradoras valoran el historial médico de sus clientes a la hora de fijar el precio de la póliza y de permitirles acceder a según qué especialistas

Asimismo, las aseguradoras valoran el historial médico de sus clientes a la hora de fijar el precio de la póliza y de permitirles acceder a según qué especialistas sin ningún límite.  De hecho, la mayoría incluyen cuestionarios de salud previos (con alguna salvedad, como el Adeslas Básico que, además, cuenta con un copago alto).

En todo caso, no conviene mentir en el cuestionario –si te pillan y entre otros, rescindirán inmediatamente  la póliza y, en algunos casos, se podría considerar como un engaño y/o estafa– Respecto a la carencia, tiene que ver con el tiempo que deberás esperar hasta poder utilizar determinadas pruebas, operaciones y otras prestaciones “caras” del seguro de salud. En definitiva otras razones para alimentarnos correctamente y mantener unos hábitos de vida saludables.

El nutricionista en el seguro de salud

Para acabar y aunque resulta obvio, contar con un seguro de salud te permitirá acceder con mayor facilidad a expertos como el nutricionista y el endocrino, cuya ayuda resulta conveniente si, por fin, has decidido perder esos kilos de más o empezar a comer mejor. De hecho, visitarlos es más que recomendable. ¿La razón? Que estos especialistas te harán las pruebas necesarias para descartar anomalías que podrían estar causando un aumento de peso y, por supuesto, afectando a tu salud.

Además de una analítica que refleje el estado de tu colesterol, tiroides y otras hormonas; convendría que te hicieras otro de tu composición corporal. Con él podrás averiguar qué porcentaje de tu cuerpo es grasa, músculo y agua; y en qué tienes que trabajar. En todo caso y si estás tratando de bajar de talla, tampoco te obsesiones.

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