¿Cuándo tengo que cambiar los frenos del coche? Cuatro señales

Las vibraciones en el pedal del freno y los ruidos inusuales pueden alertarnos de la presencia de algún fallo

Si bien no cabe duda de que debemos prestar atención al cuidado de todas las partes de nuestro coche, lo cierto es que debemos prestar especial atención a aquellos elementos que garantizan nuestra seguridad al volante. El freno es uno de los más importantes. Pero, ¿sabes cada cuánto debes cambiar los componentes que lo forman? ¿Conoces cuáles son las señales que indican que algo falla? Hoy respondemos a esas y otras dudas para que circules a salvo.

¿Qué tipos de frenos existen?

En los coches actuales podemos encontrar dos tipos de frenos: los de tambor y los de disco, que aunque cuentan con un funcionamiento muy parecido, tienen distintos niveles de eficacia. Los de disco ofrecen mayores prestaciones que los de tambor, pues refrigeran mucho mejor y están más protegidos frente al agua y la humedad. Ambos tienen elementos comunes como las pastillas y el líquido de frenos, que son “elementos desgastables”. Es justo por eso por lo que tendremos que cuidarlos y conservarlos en las mejores condiciones. Un punto clave que repercutirá sobre la calidad de la frenada.

El eje delantero es el encargado de sostener el peso del coche en la frenada

La mayoría de los coches actuales tienen frenos de disco en el eje delantero, aunque no todos disponen de él en el trasero. Los más modernos y potentes sí cuentan con un sistema completo de frenos de disco, pues son más efectivos y pesan menos. Pero otros vehículos más antiguos o menos potentes usan un sistema mixto de freno de tambor y de disco, este último en el eje delantero, el encargado de sostener el peso del coche en la frenada.

¿Cuándo tengo que cambiar los elementos del freno del coche?

Realmente es muy difícil precisar cada cuánto tiempo o kilómetros debemos cambiar los diferentes elementos que componen el freno, porque el desgaste depende de factores como el modelo de coche o el tipo de conducción. De hecho, si eres un mal conductor, o conduces muy bruscamente, se desgastarán con mayor facilidad. No obstante, aunque no se puedan establecer referencias fijas, podemos marcar algunas cifras de advertencia para cambiar el líquido de frenos, el disco y las pastillas.

El líquido de frenos es esencial para que la frenada sea correcta. Este circula por el sistema hidráulico y se encarga de ejercer presión sobre las pastillas, por lo que es muy importante que los niveles sean los correctos. Una bajada provocaría una pérdida de eficacia considerable. Debemos comprobar a menudo a qué nivel se encuentra y observar si ha descendido bruscamente desde la última vez que lo miramos, ya que podría tratarse de una fuga.

Los expertos aseguran que resulta conveniente cambiarlo cada 40.000 kilómetros o cada dos años. Con el paso del tiempo, el nivel de agua del líquido de frenos aumenta. ¿La razón? Que absorbe la humedad. Un elevado porcentaje de agua hará que el freno no funcione correctamente.

El desgaste de los frenos depende de factores como el modelo de coche o el tipo de conducción 

El disco de freno es el elemento del freno con mayor vida útil, aunque está expuesto a un gran desgaste. El disco está conectado a la rueda y sufre la fricción a la que le someten las pastillas de freno. Tiene una duración aproximada de unos 80.000 kilómetros aunque puede llegar a desgastarse antes.

Tendremos que controlar el grosor del disco y, si está por debajo de lo recomendable, cambiarlo. El grosor mínimo estará determinado por el tipo de disco que hayamos usando –podemos medirlo nosotros mismos (la información del mínimo establecido la encontraremos en la ficha técnica de la pieza)– o dejar que sea un profesional el que lo revise.

Por último, las pastillas de frenos son las piezas que se ven más afectadas por la forma de conducción. Si conducimos de forma poco eficiente, abusando del freno y realizando frenadas bruscas, las pastillas se gastarán más rápido. Su vida se puede prolongar hasta los 40.000 o 45.000 kilómetros, pero será a partir de los 20.000 km cuando deberíamos  empezar a revisarlos con regularidad.

Las pastillas de los frenos delanteros se gastan más rápido que las del eje trasero, ya que hacen un mayor esfuerzo. Si están muy desgastadas, es habitual que aparezca un testigo en el cuadro alertando que debemos sustituirlas. Cabe señalar que, cada vez que cambiemos el disco de freno, deberemos cambiar las pastillas.    

Cuatro señales que indican que tienes que revisar los frenos

La mejor forma de conocer el estado de nuestro vehículo es sometiendolo a revisiones periódicas cada año o bien cada 15.000 kilómetros. No obstante, el coche puede darnos algunas pistas de lo que le ocurre, pero para ello las debemos conocer y estar atentos a ellas. Estas son las cuatro señales que advierten que debes revisar los frenos de tu vehículo:

  1. El tacto del pedal. Probablemente esta sea la señal más clara. Si estamos acostumbrados a conducir un coche, lo normal es que sepamos cuál es su tacto habitual. Si está más suave de lo normal, es posible que el líquido de frenos esté bajo. Por el contrario, si hay que ejercer demasiada presión para que el coche pare o el pedal vibra mucho al pisarlo, puede ser síntoma de otros problemas como el desgaste de las pastillas o del disco. En cualquier caso, es importante que no nos acostumbremos a una anomalía. Desde el primero momento que notemos que el pedal está distinto a lo que recordábamos debemos revisar que no haya ningún problema.

  2. Prolongación de la frenada. Si adviertes que el vehículo necesita más metros de lo habitual para frenar por completo, deberías llevarlo a un taller mecánico. Este aumento de la frenada puede estar causado por el desgaste de alguno de los elementos que conforman el freno, pero pueden existir otras causas como el mal estado de lo neumáticos o de la suspensión.

  3. Ruidos y vibraciones. Es posible que el freno emita algún sonido inusual si las pastillas o el disco no están en buenas condiciones. Mientras conducimos es recomendable no llevar la música demasiado alta, ya que, además de ayudar a no perder la concentración, puede servir para escuchar este tipo de sonidos. También deberemos fijarnos en las vibraciones que se sientan por todo el coche, no solo en el pedal.

  4. Inclinación en la frenada. Este síntoma es difícil de captar, pero es posible que, al frenar, notemos que el coche avanza más de un lado que del otro, lo que puede significar que es un solo freno el que está en mal estado. Esto se puede deber al desgaste de una de las pastillas o a un fallo en el líquido de frenos, que hace que uno de los dos lados frene con más fuerza.

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