Día mundial contra la Hepatitis: ¿la cubre el seguro?

¿Cómo responde nuestro seguro de salud ante este tipo de situaciones? ¿Qué cubre exactamente?

A mediados de este mismo mes, la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH) presentó un informe que puso de manifiesto el preocupante desconocimiento y falta de concienciación acerca de la hepatitis en España. De hecho, según sus conclusiones, hasta la mitad de la población ignora cómo se transmite, y hasta un 20% cree que puede contagiarse a través de la tos.

Una situación que, por desgracia, lleva aparejada la estigmatización de los pacientes y que obstaculiza su erradicación. Razón de más para explicarla en profundidad en una jornada como la de hoy, en la que se celebra el Día Mundial contra esta enfermedad. Porque, ¿qué es lo que la caracteriza? ¿Cómo se manifiesta? ¿Se encuentra cubierta por el seguro de salud? Respondemos a estas y otras muchas dudas frecuentes sobre esta terrible patología.

Qué es la hepatitis

Tal y como apunta la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hepatitis es una inflamación del hígado. Una afección que puede remitir de forma espontánea o empeorar y dar lugar a una fibrosis, cirrosis, e incluso a un cáncer de hígado. Habitualmente se produce cuando el paciente contrae alguno de los virus de la hepatitis, aunque también puede deberse a otras infecciones, enfermedades autoinmunes y sustancias tóxicas. Es el caso de la A y la E, tras las que suele encontrarse la ingesta de agua o alimentos contaminados.

Actualmente afecta a unos 400 millones de personas en todo el mundo, un 95% de las cuales ignora que la tiene. Algo que no nos extraña si tenemos en cuenta que las pruebas necesarias para detectarlas suelen ser caras y complejas. No obstante, la detección temprana resulta clave, sobre todo si tenemos en cuenta que más de un 90% de los enfermos de hepatitis C pueden curarse en un periodo que ronda entre los tres y los seis meses. Al margen de esta, encontramos otros cuatro tipos de hepatitis: A, B, D y E; cada una de las cuales se corresponde con un virus distinto.

La hepatitis A: cómo se contagia. Los síntomas

Así, la hepatitis A se transmite por la ingesta de alimentos o bebidas contaminados (por heces de una persona que la padece, por ejemplo) o por entrar en contacto directo con un paciente infectado. Una de las razones por la que suele relacionarse con entornos con condiciones de salubridad e higiénicas cuestionables.

La mayoría de afectados se recupera por completo, de hecho cuenta con un porcentaje de muertes muy bajo. Tampoco causa hepatopatía crónica, y tiene lugar de manera ocasional, habitualmente en epidemias alimentarias. El periodo de incubación ronda entre los 14 y los 28 días, y los síntomas son leves: fiebre, malestar, diarrea, náuseas y molestias abdominales, y coloración anormal de la orina; aunque no siempre se presentan todos de forma conjunta.

Tratamiento y prevención

Carece de un tratamiento farmacológico específico y suele remitir progresivamente (aunque conviene llevar un seguimiento). La idea es que el paciente recupere su equilibrio nutricional, se rehidrate y vuelva a la normalidad. Más allá de conocer los síntomas para identificarlos rápidamente, existen varias vacunas. En la mayoría de sujetos basta con una sola dosis para que desarrollen anticuerpos.

Los expertos recomiendan ponerse otra dentro de las dos semanas posteriores al contacto con el virus. Mantener el entorno limpio, evitar beber agua estancada y similares cuando salgamos de viaje, optar siempre por el agua embotellada en determinados entornos, etcétera, también será clave. En todo caso, existen algunas personas que se encuentran en especial riesgo: viajeros a países afectados por el virus, varones homosexuales, personas con hepatopatía crónica y drogodependientes.

La idea es que el paciente recupere su equilibrio nutricional, se rehidrate y vuelva a la normalidad

Síntomas y contagio en la hepatitis B

La hepatitis B, por su parte, se contagia cuando el paciente entra en contacto con la sangre u otros líquidos corporales de una persona que se encuentra infectada. Se trata de un tipo de hepatitis más grave; tanto, que solo en 2015 se saldó con más de 887 mil muertes en todo el mundo. ¿La causa? Las complicaciones que puede implicar: hepatopatía crónica, cirrosis, y cáncer hepático; entre otros.

También puede transmitirse durante el parto y la lactancia. Aquellos que cuentan con mayor riesgo son los profesionales sanitarios, las personas que tienen múltiples relaciones sexuales con distintas personas sin protección, los consumidores de drogas inyectables, etcétera; aunque existe una vacuna específica.

El virus es resistente y capaz de sobrevivir fuera del organismo hasta una semana

El virus es resistente y capaz de sobrevivir fuera del organismo hasta una semana. El periodo de incubación ronda los 75 días y se requiere de una prueba de laboratorio específica para diagnosticarla. Se manifiesta de forma muy similar a la hepatitis A y la OMS recomienda los tratamientos orales a base de tenofovir o entecavir.

Hepatitis B: prevención

La vacuna específica se erige como la principal vía de prevención de la hepatitis B. Un punto en el que conocer las dosis y su aplicación resultará clave. La primera deberá inyectarse al nacer, y las tres siguientes cuando se pongan el resto de vacunas infantiles sistemáticas. La protección dura 20 años. Conviene renovarla, pues se trata del tipo más grave de hepatitis viral.

Hepatitis C: cómo se contagia. Los síntomas

La hepatitis C, por su parte, afecta al 2% de la población española y no presenta síntomas en muchos casos. Una característica que, sin embargo, no evita que quienes la padecen –y si no reciben el tratamiento apropiado– mueran como consecuencia de una enfermedad hepática grave –como el cáncer o la cirrosis–.

Por desgracia y para que te hagas una idea de su arraigo, se estima que en 2015 se produjeron casi dos millones de nuevas infecciones. A pesar de la creencia popular, no se contagia a través de los besos (ni la saliva, la tos o similares) sino que la vía de infección más habitual es el torrente sanguíneo, es decir, el contacto directo con la sangre de una persona afectada.

La vía de infección más habitual es el torrente sanguíneo, es decir, el contacto directo con la sangre de una persona afectada

Es por eso que aquellas personas en situación de riesgo son los consumidores de drogas inyectables, receptores de productos sanguíneos infectados, personas cuyas parejas se encuentran infectadas, pacientes del VIH y los niño de madres afectadas, entre otros.

Hepatitis C: prevención y tratamiento

Para este tipo de virus no existe vacuna. Sin embargo, encontramos otro tipo de tratamientos farmacológicos basados en interferón y ribavirina, antivirales que eliminan la infección. También hay inhibidores de la proteasa, muy eficaces y que se administran por vía oral. Para detectarla y de la misma manera que nos realizamos chequeos regularmente para ver en qué estado se encuentra el colesterol, convendría que nos realizáramos una analítica al menos una vez al año que reflejase el estado de las transaminasas.

Cabe comentar, no obstante, que no siempre requiere de tratamiento, pues en aquellos pacientes con una respuesta inmunitaria notable se elimina de forma espontánea. Además, no todos presentan daños hepáticos.

Hepatitis D: cómo se contagia. Los síntomas

Este virus resulta un tanto particular, pues su replicación requiere la presencia del de la hepatitis B. De hecho, podría definirse como una “sobreinfección”. Se transmite a través de la sangre y si entramos en contacto con otros líquidos corporales de un afectado. Raramente se produce de madre a hijo. En concreto, se da en un 5% de los pacientes afectados por la hepatitis B. En cuanto a los síntomas, son idénticos, pero se acelera el proceso de cirrosis.

Hepatitis D: prevención

Esta sobreinfección puede prevenirse de la mano de una vacuna específica. La vacunación contra la hepatitis B, no obstante y evidentemente, también nos alejará de ella. Los sujetos en situación de riesgo son los drogodependientes (drogas inyectables) y similares. También existe un tratamiento antivírico (aunque no es concreto) a base de interferón alfa. Los antivíricos similares no suelen tener efecto.

Hepatitis E: cómo se contagia. Los síntomas

La hepatitis E, para acabar, afecta a unas 20 millones de personas cada año y se salda con más de 56.000 vidas (aunque suele ser autolimitada). Se contagia por vía fecal-oral (por ingerir alimentos o agua contaminada) y es propia de entornos con condiciones higiénicas precarias. No obstante, encontramos casos en todo el mundo, aunque tiene mayor incidencia en Asia oriental  meridional. Existen otras formas de transmisión menos frecuentes: infección vertical, ingesta de carne poco cocinada de animales infectados, por transfusión de sangre.

El periodo de incubación es corto: entre dos y diez semanas; y tiene síntomas: empieza con fiebre leve, la disminución del apetito, náuseas, vómitos y similares; y puede continuar con ictericia (la piel se vuelve amarillea) y dolor en el hígado al palpar la zona. No obstante, carece de tratamiento específico y no suele requerir de hospitalización.

Hepatitis E: prevención

Para prevenir la hepatitis E deberemos mantener nuestra casa y entorno en unas condiciones de salubridad adecuadas, sobre todo aquellas zonas en las que manipulamos alimentos. También evitaremos beber agua (y hielo) de procedencia o “pureza” desconocida. En la China, por otra parte, cuentan con una vacuna, pero no se encuentra aprobada en todo el mundo.

Una buena cobertura médica, clave

Si bien se trata de una situación desafortunada, abordar esta dura enfermedad será más llevadera con una póliza de salud apropiado que responda ante nuestra hospitalización y otras cuestiones aparejadas al tratamiento. Aquí cabe comentar que existen grandes diferencias de una aseguradora a otra; y no solo eso, sino que las condiciones cambian enormemente en función de si contratamos la póliza antes de contraer la patología que nos ocupa.

Y es que, tal y como sucede con los enfermos crónicos, la mayoría de entidades rechazan este tipo de pacientes. En estos casos, lo más recomendable será optar por un seguro que carezca de cuestionario previo como el ADESLAS Básico que, no obstante, incluye un copago alto. En todo caso, tu seguro de salud te cubrirá si has contraído la hepatitis tiempo después de haber firmado el contrato. El precio de los medicamentos, eso sí, tendrás que costearlo tú.

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