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7 prácticas sexuales de riesgo: qué incluye el seguro de salud

Porque el sexo es para disfrutarlo: no te expongas. Descubre qué tratamientos incluye tu póliza

Sus manos temblorosas se deslizan por la espalda de su amante, firme y suave; y ansiosa, siente cómo las sábanas, dulces y traviesas, se remueven entre sus muslos, palpitantes por la excitación. La penumbra del comedor, rota tan solo por unos pequeños destellos de sol que han osado colarse por las rendijas de la persiana, arropa su deseo creando un clima mágico de goce y pasión. –No hace falta que te pongas condón– susurra a media voz. ¡Error!

Si te sientes identificado con la anterior situación o has vivido una muy similar, ¡cuidado! Sí, porque ejemplifica a la perfección una práctica sexual de riesgo. Un tipo de conducta que puede conllevar graves problemas de salud, contagio de enfermedades y un largo etcétera que seguro que no te cuesta imaginar.  Hoy recabamos algunos de los comportamientos más frecuentes y te contamos qué patologías o enfermedades cubre tu póliza sanitaria.

Qué son las conductas sexuales de riesgo

Dicho lo cual, es imprescindible concretar qué se considera una conducta sexual de riesgo. Se trata de aquellos comportamientos que, como su propio nombre indica, exponen a la persona que los lleva a cabo a un peligro: un embarazo no planificado, una situación sexual no deseada y/o una enfermedad de transmisión sexual (ETS).

7 prácticas sexuales peligrosas

Entre las prácticas más habituales encontramos:

  • Tener sexo sin preservativo: tanto masculino como femenino. A excepción de que este se produzca en el marco de una relación duradera.

  • Tener contacto buco-genital sin protección: se contemplaría en el caso anterior, pero debemos especificar para disipar cualquier duda. Algunas enfermedades como la gonorrea se transmiten de este modo.

  • Tener múltiples parejas sexuales: aquí se incluye practicar sexo en grupo y similares.

  • Actividad sexual temprana: principalmente antes de la mayoría de edad.

  • Mantener relaciones con una persona que ha consumido o consume drogas inyectables: y que, evidentemente, no se ha hecho las pruebas del VIH.

  • Mantener relaciones a cambio de droga o dinero: en este punto se contempla la prostitución.

  • Tener una pareja que mantiene comportamientos sexuales de alto riesgo: evidentemente, esto no siempre podremos saberlo, a no ser que se trate de una relación abierta consensuada por ambos miembros de la pareja.

Factores condicionantes en las conductas sexuales de riesgo

Por otra parte y si bien no deben realizarse generalizaciones apresuradas en este ámbito, la Psicología establece una serie de condicionantes y características propias de los individuos que mantienen conductas sexuales de riesgo. De hecho, un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Columbia (Nueva York) puso de manifiesto que las experiencias (relacionadas con la forma de expresar su sexualidad) en la etapa infantil y la adolescencia resultan determinantes a la hora de actuar de este modo.

La adolescencia, una etapa determinante

Algo que no nos extraña si tenemos en cuenta que es durante esta última etapa cuando los individuos toman conciencia de su propio cuerpo y condición sexual, por no hablar del deseo por vivir nuevas experiencias. El estilo de vida, la educación, creencias religiosas, el nivel de comunicación con los padres y el entorno también influyen, así como el núcleo social, la estructuración de la familia y las situaciones de pobreza y desempleo del sujeto.

Asimismo, aquellas personas con falta de control de impulsos, bajos niveles de autoestima, problemas de agresividad e inmadurez, pocas habilidades sociales, escasa responsabilidad e independencia son más propensos a llevar a cabo estas conductas. Ocurre lo mismo con los que presentan síntomas depresivos y pensamientos suicidas; e incluso los que padecen trastornos alimentarios como la bulimia, caracterizada por una falta de control del “apetito”, desde un punto de vista general y no solo en relación con la comida.

Algunos estudios señalan que el alcohol puede encontrarse detrás de muchos casos de transmisión del VIH

Otra investigación publicada en la Interamerican Journal of Psychology reveló que el perfil que tenía mayor propensión a infectarse por una ETS como consecuencia de estas prácticas es el de un varón joven con un número de parejas sexuales diversos, que consume alcohol de manera habitual, y que tiene un índice de bienestar psicológico inferior al de la muestra del análisis.

Si mencionamos el alcohol, cabe comentar que puede encontrarse detrás de muchos casos de transmisión del VIH; hasta tal punto que se trataría, por sí solo, de un factor de riesgo en el contagio de ETS. La desinhibición y la falta de control sobre el cuerpo hace que la persona que lo consume adopte comportamientos más “peligrosos”.  Algo que la Ciencia demostró ya en 2011 con un resultado alarmante: un incremento de solo el 0,1 mg/ml de alcohol en sangre aumenta un 5% las posibilidades de tener sexo de riesgo.

Enfermedades de transmisión sexual (ETS) frecuentes

Dicho lo cual, existen una serie de enfermedades de transmisión sexual que se dan con mayor asiduidad con otras. Según la Agrupación Ginecológica Española se trata de:

  • Sida: el VIH es la ETS más letal que existe, pues su virus acaba con nuestra capacidad para defendernos frente a las infecciones del exterior. Entre los síntomas tempranos se hallan la fiebre y la fatiga excesiva. Además, no existe una cura, pero sí tratamientos paliativos para favorecer la calidad de vida de los pacientes. Si quieres cerciorarte de que no lo tienes, deberás hacerte una analítica específica tres meses después del contacto de riesgo.

  • Virus del Papiloma Humano: es la ETS más frecuente (se estima que el 90% de personas con una vida sexual activa ha entrado en contacto con el virus alguna vez). Suele eliminarse sin tratamiento pero también puede dar lugar a verrugas genitales e incluso cáncer. Tiene una vacuna específica.

  • Gonorrea: es una patología de tipo bacteriano que se manifiesta en forma de ardor al miccionar, secreción de líquido blanco, flujo amarillento e irritación en las distintas cavidades. Infecta a la uretra, el recto, el cuello del útero, la garganta y el ano, y suele manifestarse a los cinco días de la relación.

El virus del Papiloma Humano es la ETS más frecuente. Se estima que el 90% de las personas con una vida sexual activa entrará en contacto con él al menos una vez en la vida
  • Herpes genital: es un virus que permanece de por vida y causa úlceras alrededor del pene y la vagina, aunque no es lo habitual.

  • Clamidia: se trata de una afección bacteriológica que no manifiesta síntomas en la mayoría de ocasiones. Si se dan, suele producirse un sangrado anormal durante la menstruación o el sexo, dolor al tener relaciones o al orinar y molestias abdominales. Afecta a las mismas zonas que la gonorrea, además de a los ojos.

  • Sífilis: también se evidencia con una especie de llaga indolora y sarpullidos, y síntomas que recuerdan a los de la gripe. Si no se trata –con penicilina y antibióticos– puede llegar a ser mortal.

  • Hepatitis B: se trata de una enfermedad del hígado cuyo contagio puede producirse por el contacto con los fluidos de la otra persona.

  • Candidiasis: lo que comúnmente se conoce como hongos. Se manifiesta en forma de picores y se trata mediante antibióticos, óvulos vaginales y cremas específicas. En los hombres puede llegar a causar inflamaciones graves en la uretra, escozor al orinar y similares.

La prevención, clave

Por desgracia y especialmente en el caso de enfermedades tan graves como el VIH, son muchos los pacientes que ignoran que lo padecen. En concreto se estima que en España hay hasta 50.000 personas que se encuentran en esta situación. Un punto en el que la prevención resultará clave, sobre todo porque, tal y como indican los expertos, un diagnóstico tardío empeora la calidad de vida de quien lo sufre y aumenta la transmisión del virus.

La iniciativas, así, deberán ir enfocadas no solo a evitar el contagio, sino también hacia la concienciación de aquellos que la tienen sin saberlo, porque cuentan con una responsabilidad. Desafortunadamente y tal y como indica la OMSIDA, son muchos los jóvenes que “piensan que no le puede pasar, en especial aquellos que no han conocido la epidemia de los 80 y han perdido el miedo”, Tal es así, que hasta el 35% de los contagios que se diagnosticaron en 2013 fueron en individuos menores de 29 años.

Un diagnóstico tardío empeora la calidad de vida de quien lo sufre y aumenta la transmisión del virus

Dejando a un lado las iniciativas gubernamentales, será fundamental empezar a prevenir desde la pre-adolescencia, tanto desde el ámbito docente como familiar. Fomentar el desarrollo de un individuo seguro, con autoestima y capaz de enfrentarse ante determinadas situaciones con firmeza resultará determinante. Para lograrlo, asimismo, deberemos crear un entorno de confianza y comunicación en el que no existan temas tabú y se puedan abordar toda serie de cuestiones con la normalidad que les corresponde.

Qué tratamientos cubre mi seguro de salud

Dicho lo cual, siempre será recomendable contar con un seguro de salud, tanto si nos hemos contagiado como si queremos prevenir posibles riesgos. Aquí tienes que saber que, si ya estás enfermo, la mayoría de aseguradoras te rechazará, sobre todo si se trata de algo crónico como el sida.

Sin embargo, existe una excepción: la que contempla el seguro Adeslas Básico, que carece de un cuestionario previo pero también de hospitalización. Ahora bien, resultará de gran ayuda a la hora de agilizar las pruebas. Presta también atención al periodo de carencia, que suele fijarse en seis meses.

Por otra parte, si contraes la enfermedad y ya cuentas con una póliza, tu aseguradora cubrirá el diagnóstico y seguimiento de la patología, pero no el tratamiento farmacológico. Únicamente se hará cargo de los cuidados paliativos llevados a cabo en un hospital para reducir la afección como la quimioterapia o la radioterapia, que son exclusivos pero que tampoco contemplan todas las entidades. Para cerciorarte, lo mejor será comparar.

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