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Este verano, protégete del sol

Si bien protegerse de los rayos del sol durante todo el año es clave, en verano se vuelve todavía más necesario. Pero, ¿cómo lograrlo con éxito?

Arquea su cuerpo todavía blanquecino sobre la toalla y juguetea con la arena que, traviesa, se ha colado entre sus dedos. La suave brisa marina azota su cabello en un remolino imposible, y siente la calidez abrasadora de los rayos del sol sobre la piel. –Hoy creo que no me pondré crema, que quiero estar morena– piensa para sus adentros. ¡Error! Dejar a un lado la protección solar puede ser devastador para tu salud, pero no solo eso, sino que resulta imprescindible saber cómo hacerlo correctamente.

Lo básico: medidas para protegerse del sol

Así, una de las medidas básicas radicará en informarte. Entre otras cuestiones, deberías conocer qué fototipo de piel tienes, cuál es el protector solar más apropiado según tus características personales, cómo y cuándo es mejor aplicarlo, e incluso de qué manera influyen los alimentos que te llevas a la boca a la hora de broncearte.

Por ejemplo, lo ideal es que te pongas la crema al menos media hora antes de la exposición. ¿La razón? Que tu piel tendrá el tiempo suficiente para absorberla. Además, resulta especialmente recomendable si vas a bañarte inmediatamente. Renuévalo regularmente si vas a pasar mucho rato al sol. Respecto la alimentación, existen algunos ingredientes como la carlota, la calabaza (ricas en betacaroteno), las avellanas, y el brócoli que te ayudarán a mantener los problemas a raya. 

No pueden faltarte tampoco, por supuesto, los datos sobre los efectos nocivos del astro rey que, tal y como apunta el doctor Gabriel Serrano, presidente y fundador de Sesderma, “tiene dos caras: una buena y otra mala”. En cuanto a la primera, “está relacionada con la síntesis de vitamina D que se produce en la piel y también con esa sensación de bienestar que todos sentimos cuando nos exponemos al sol”, explica. “La mala tiene que ver con el daño acumulativo que se produce tras cada exposición al sol y que finalmente termina rompiendo las proteínas del ADN. Esto va a predisponernos a padecer diversas enfermedades de la piel."

Qué fototipo tengo

El fototipo determina la capacidad de nuestra piel para asimilar la radiación solar y se clasifica en hasta seis categorías distintas, que van desde una menor resistencia hasta una mayor. Así, las personas con un fototipo I cuentan con una dermis muy pálida, que se quema fácilmente y que apenas se broncea. Suelen ser individuos pelirrojos, de ojos claros y con tendencia a padecer afecciones fotoalérgicas.

El fototipo II engloba a las pieles blancas, sensibles y delicadas, con dificultad para oscurecerse; habituales de sujetos rubios; y el fototipo III es el más común entre los europeos. Si te pones rojo y luego te bronceas, es tu caso. El fototipo IV es el de las personas morenas y piel tostada. Los fototipos V y VI oscurecen la piel e incrementan la resistencia al sol. De hecho, estas últimas raramente se queman.

Si te encuentras en el primer grupo, elige un factor de protección (FPS) de entre 80 y 100, mientras que si estás en el segundo, decántante por uno de entre 50 y 80. Los fototipos III y IV deberá protegerse con un FPS de 30 a 50 y de 20 a 30 respectivamente. Para los V y VI deberán embadurnarse de una crema con factor de 15 a 20 y de 8 a 15.

El protector solar: en qué debo fijarme 

Como comentábamos, escoger el protector solar no es un asunto sencillo, sobre todo porque en muchas ocasiones desconocemos qué necesitamos. Una cuestión a la que se refiere Serrano: "para evitar el daño que produce el sol en la piel es importante la fotoprotección solar. Sin embargo, la mayoría de las veces estos productos no protegen de la forma que nosotros esperamos, sobre todo porque nosotros mismos no nos aplicamos las cantidades adecuadas o nos los ponemos a una hora que no toca”. 

Lo primero en lo que tendremos que fijarnos es en el factor de protección (FPS) y en que este es apropiado para nuestro prototipo. Si hemos guardado la crema del año anterior, revisar la fecha de caducidad (aunque parece obvio) será elemental. Otros punto no tan evidente tiene que ver con la protección UV y UVA. Este primer tipo de radiación está relacionada con las quemaduras, mientras que la segunda acelera el envejecimiento.

Con los reparadores no solo conseguimos protegernos del sol, sino también reparar la piel tras una exposición peligrosa

Verifica que cuente con ambas, así como que carezca de perfumes que podrían acabar minando el efecto fotoprotector. Y si es de amplio espectro, resistente al agua y cuenta con el sello CE (que significa que ha pasado los controles de la Unión Europea), tanto mejor. No es necesario comprarlo en la farmacia, sino que basta con prestar un poco de atención. 

También solemos perder de vista la clase de filtro con la que cuenta el protector: físico o químico. Respecto a los primeros, las cremas que cuentan con ellos no penetran en la piel, sino que permanecen en la superficie. Se las identifica fácilmente: cuando salimos del agua lo hacemos completamente blancos. Ahora bien y al margen de este desagradable efecto, resultan muy eficaces. Son perfectas para los fototipos más sensibles y para los pequeñines de la casa.

Serrano incluso va más allá de estos protectores y recalca la importancia de los reparadores, sobre todo en aquellos casos en los que ya se ha producido un daño. “Estos nuevos reparadores están basados en aminoácidos que forman parte de las cadenas del ADN, en enzimas reparadoras y en el zinc. Con ellos conseguimos no solo protegernos del sol sino también reparar la piel”, resalta.

El formato: ¿crema solar o aceite protector?

Más allá de la composición de la loción, su densidad y modo de aplicación son otras características que pueden ayudarte a decantarte por una u otra. Los formatos más habituales son las cremas y los aceites pero, ¿en qué se diferencian? ¿Proporcionan el mismo nivel de protección? El quid de la cuestión radica en la textura.

Las primeras resultan más untosas, blanquecinas y permiten detectar las zonas de la piel que nos hemos dejado por cubrir, mientras que las segundas se esparcen con mayor facilidad y tienen un aspecto transparente, más graso. La elección dependerá, de nuevo, de nuestro tipo de piel. Las más secas se beneficiarán de los efectos de los aceites, mientras que para las mixtas y grasas son más recomendables las cremas.

Cremas y aceites protegen por igual. El quid de la cuestión radica en la textura, más fluida en las primeras y más grasa en los segundos

 Estas últimas también son preferibles en zonas como la cara y el cuero cabelludo, aunque encontramos aceites solares faciales específicos. No los confundas con los bronceadores, que están pensados para intensificar el moreno, y no para proteger tu piel. Asesórate, el mercado ofrece una amplia gama de opciones, desde aceleradores del bronceado hasta fotoprotectores intensificadores del color. Cómpralos en spray o en bote en función de tus preferencias.

¿Protegerse del sol sin cremas? Mala idea

Por otra parte, seguro que has oído hablar de las soluciones caseras para tomar el sol, no solo para acelerar el bronceado, sino también para protegerse de los rayos. De hecho, la red se encuentra plagada de artículos sobre cómo fabricarse un protector solar casero, alimentos e ingredientes naturales que supuestamente logran los mismos efectos, etcétera. Sin embargo, no te lo recomendamos; podría acabar siendo peligroso para tu salud.

 Bañarse con una camisetilla de algodón tampoco es buena idea. No obstante, existen prendas específicas que cuentan con protección UV. Habitualmente se trata de camisetas náuticas pensadas para hacer vela deportiva, surf y otros deportes similares que obligan a los atletas pasar largos periodos de tiempo bajo el sol. Fíjate que en la etiqueta rece “protección solar” o “anti UV”. Son ligeramente más caras que las convencionales, pero merecen la pena. Otro producto que suele incluirlo son las gorras técnicas.

Un seguro de salud: la clave de una buena prevención

Al margen de las medidas comentadas, una buena prevención deberá ir acompañada del asesoramiento de un profesional especializado, sobre todo si el nuestro es un fototipo muy sensible, tenemos pecas, nos encontramos en un grupo de riesgo, o similares. Acude al menos una vez al año y presta atención a las señales: los picores, cambios en el tamaño y aspecto de los lunares, dermatitis, etcétera.

Una buena opción para hacerlo es contratar un seguro de salud, que te incluirá estas visitas y otras muchas. Un punto clave, sobre todo si tenemos en cuenta que los tiempos de espera para determinadas especialidades en la Seguridad Social son eternos. Por no hablar de todas esas incomodidades que acaban provocando que retrasemos una consulta que podría ser clave para detectar anomalías y problemas a tiempo.

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