Registro de seguros de vida, ¿eres beneficiario?

Muchos seguros de vida sin quedan sin cobrar por desconocimiento

La pérdida de un ser querido es un trámite al que siempre resulta difícil enfrentarse. Y no solo estamos hablando de las repercusiones afectivas, sino también de las gestiones que deberemos llevar a cabo las horas y días sucesivos a su fallecimiento. En este punto será fundamental saber si tenía contratado un seguro de vida que garantizase a su familia una estabilidad económica.

De hecho, son muchos los beneficiarios de este tipo de póliza que ignoran que lo son; precisamente la razón por la que no reclaman el dinero que les corresponde. Con el objetivo de evitar este tipo de circunstancias, te contamos lo que deberías hacer.

¿Cómo funcionan los seguros de vida?

Los seguros de vida se ocupan de auxiliar económicamente a los familiares del asegurado en caso de que éste fallezca o quede en estado de invalidez. El tomador, mediante el pago de una prima (que puede ser mensual, trimestral, anual, etcétera) podrá elegir un beneficiario, o varios, para que estos reciban una cantidad de dinero que quedará estipulado en el contrato que variará en función de la cantidad aportada.

Este tipo de pólizas son muy interesantes para aquellas personas que tienen responsabilidad sobre otras o son la fuente principal de ingresos de un hogar. También pueden ser de utilidad si el fallecido tenía alguna deuda que saldar, como por ejemplo una hipoteca. Dicho lo cual, existen tres tipos de seguros de vida:

  • Vida Riesgo. Esta póliza está pensada para cubrir un fallecimiento prematuro. Se estipula una edad máxima, y si el asegurado sobrevive, la cobertura del seguro finaliza. En algunas ocasiones se puede acordar una entrega de dinero. La prima varía en función de la edad del asegurado y del capital que quiera asegurar.
  • Vida ahorro. Al contrario que la de Vida Riesgo, en esta modalidad el asegurado recibirá la cantidad pactada cuando llegue a una determinada edad. Esta cantidad procede del pago mensual o anual de una cuota, aunque también se puede entregar una única prima. Dentro de este tipo de seguros es muy interesante la opción de añadir la renta vitalicia, que nos asegurará un sueldo para toda la vida.
  • Mixto. Este es el más elegido, puesto que protege a tus familiares en caso de fallecimiento, pero también te aporta una cantidad una vez llegados a la edad establecida. Es la mezcla ideal para estar tranquilos en cualquier situación.  

Es importante remarcar las diferencias entre el seguro de vida y el seguro de decesos. Este último, que es más barato, de lo que se ocupa es de los gastos del entierro, es decir, la incineración y gastos del nicho, traslados, gastos del tanatorio… No obstante, el seguro de vida también puede contar con una cobertura específica para que contemple el entierro. Y es que este tipo de seguro no se cobra en el momento del fallecimiento y, por lo tanto, no puede emplearse para hacer frente a los dispendios referidos.

¿Quiénes son los beneficiarios de un seguro de vida?

A la hora de contratar de la póliza, el tomador deberá dejar claros a los beneficiarios de la misma Lo más común es hacerlo en el mismo momento de la contratación, aunque es posible cambiar el beneficiario en cualquier momento. El asegurado podrá elegir a la persona recibirá el dinero e incluso repartirlo de forma desigual, por ejemplo, entre dos hijos.

Hay ocasiones en las que no se ha designado a los beneficiarios, así que por ley, el dinero del seguro irá a parar a los herederos. En un primer lugar, será el cónyuge quien reciba el dinero; eso sí, siempre que el matrimonio sea válido en términos legales. El contrato se refiere al cónyuge actual, no al que existía cuando se contrató el seguro.

Si no lo hay, los siguientes en recibir el dinero serían los hijos. Estos se lo repartirán por partes iguales si el asegurado no ha indicado lo contrario en la póliza. Si tampoco hubiera hijos, el dinero iría para los padres del asegurado, si aún viven. Para evitar esta situación, lo recomendable es indicar los beneficiarios en el mismo momento de la contratación. Un fallecimiento prematuro puede provocar que tus deseos sobre quién va a recibir el dinero no se plasmen en la ejecución del seguro.

Es necesario indicar que lo expuesto en la póliza podrá ser modificado por un testamento avalado por un notario. Esta última voluntad prevalece aunque en el seguro se haya pactado algo totalmente diferente.

¿Cómo saber si soy un beneficiario de un seguro de vida?

Después de todas las molestias que se tomó el asegurado para que sus seres queridos recibieran esta compensación económica tras su fallecimiento, sería una lástima que el dinero nunca les llegara. Es una situación que nos puede parecer rocambolesca, pero que ocurre más a menudo de lo que pensamos. Esto sucede por el desconocimiento de los familiares, ya que además de los seguros contratados, pueden existir otros que de los que ni la propia persona en vida tenía constancia, como los seguros adicionales de los viajes.

Para evitar que estas situaciones ocurran, el Ministerio de Justicia pone al servicio de los ciudadanos el Registro de contratos de seguros de cobertura de fallecimiento. Se trata de un registro público que se encarga de suministrar la información relativa a los seguros contratados de una persona. Ahí podremos encontrar la información de todas las pólizas que el fallecido tenía contratadas y con qué compañía. Éstas están obligadas por ley a facilitar todos los datos.

El Registro de contratos de cobertura de fallecimiento se encarga de suministrar la información relativa a los seguros contratados de una persona

La solicitud para consultar los datos no se podrá presentar hasta pasados 15 días del fallecimiento, y se encontrarán disponibles en el Registro hasta un máximo de 5 años desde el deceso. La información podrá solicitarla cualquier persona, siempre y cuando disponga de la documentación correspondiente.

La solicitud se puede realizar de varias formas.: por internet, si cuentas con firma electrónica, a través de la Sede Electrónica del Ministerio de Justicia y de forma presencial. En este último caso tendrás que entregar el Modelo 790 (que puedes descargar en la web del Ministerio de Justicia) en las Gerencias Territoriales del Ministerio de Justicia o en la Oficina Central de Atención al Ciudadano en Madrid. También es posible enviarlo por correo en la dirección Plaza Jacinto Benavente, número 3, 28012 (Madrid).

El plazo de entrega es de siete días hábiles desde que presentamos la solicitud, aunque desde la web del Ministerio de Justicia apuntan que hay retrasos en la expedición de los certificados por el incremento de la demanda de este servicio. Así que si se demora la entrega no debemos preocuparnos. Por último, para acceder a este servicio será necesario abonar una tasa de 3,70 euros.

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